Alegoría del Bien y el Sol
Oh eterno y radiante sol
Se la guía de mi amor y mi razón,
Penetra con tu luz en mi triste corazón
Y dame con tu llama un poco de tu fulgor.
Aún recuerdo cuando salí de mi prisión
Y sentí por primera vez tu esencia y tu calor,
En ese entonces no comprendí aquel dolor
Que creó en mí una extraña sensación.
Ahora comprendo que aquel dolor
Es la penitencia y la purificación,
Que me permitió conocer lo superior,
La verdad y la comprensión.
Como Hércules del seno de Hera tomó
La divinidad del conocimiento y el amor,
Permíteme encontrar del néctar el sabor
Que nutra mi alma que al final se sosegó.
Ahora que por fin he visto la verdad,
Permíteme volver a los hombres enseñar
El camino que les brinde paz y libertad.
No me importa si me llegan a matar
Pues sé que conmigo la luz no morirá
Y volveré a ti, mi patria celestial.
Déjame ser, al igual que Prometeo
Portador del espíritu de la razón,
Pues veo en ti la verdad y la liberación
De este mundo al que el Demiurgo nos ató.
Serás para siempre mi eterna amada
Y mi alma vivirá de ti siempre enamorada,
Mi único anhelo es regresar a ti
Y contigo ser uno solo hasta el fin.
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