El MEOLLO DE LA DESGRACIA.
Muerte, oh, desgracia aparente del mortal,
Algunos retarte desean, otros solo con gallardía
Mientras dioses e inmortales se alimentan de ambrosía
Comprenderte quieren con intento en lo banal.
Pero algunos sublimes y enaltecidos portentos,
Con cánticos dialécticos parecen acercarse
Al entendimiento previo sin temor a bifurcarse
De la muerte inevitable de sus cuerpos hambrientos.
Con ideas platónicas, me atrevo a observarte,
Detrás de la cortina del dualismo que escinde,
El alma del cuerpo, y que además prescinde
Del fin de la esencia substancial de su arte.
Más allá de cronos, que nos devora apacible,
No veo la luz prometida, ni el sendero viable
Pero veo confuso, ofuscado, y sensible,
Que entenderte ya intento, en movimiento afable.
Una de tantas es la respuesta,
De la voz socrática que nos arrulla,
Que tras una inminente reminiscencia
Es solo recuerdo
y no el que intuya
Entonces lo divino, lo imperecedero
Aunque anacrónico se muestre nos es factible,
Puesto que no trata un pleno asidero
De la vida eterna de lo inconfundible.
Más complexo es y más fructuoso
Como el saber eterno, y el conocimiento
Y si en las tinieblas camino cauteloso
Salir de la cueva será el gran cimiento.
Por eso la aparente inutilidad de la palabra
Nos parece asidua en el caos vigente
Pero más allá de un viejo que con certeza habla
Es un regalo para entender la muerte
Así que no hay grito en desgracia del morir
Sino solo un perfecto y armónico susurro
Que en últimos momentos nos indica inclemente;
la perfección eterna los espera en su yugo.
Edinson Moreno Galindo.
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