Poema de Diego y Jhon
Vagas sombras de la eternidad reflejadas por un manchado espejo nuestra única conexión con la inmutabilidad, espejo que se hace más puro si en nosotros recae la virtud de la reminiscencia. Conocer el inefable mundo ideal parece que no habita la tierra de los sentidos pues soñando todo es tan real que el intrínseco velo de la verdad, nublado está por las brillantes estrellas de la noche que con su luz opacan la razón y recreean sueños despiertos. Noche, la callada madre del día, luz en donde las almas habitan y por siempre serán en la eternidad. Ya en este mundo terreno recordad es lo que nos queda pues una única idea de belleza en las cosas se representa variable e infinita, mutable y eterna, como en los cuerpos las almas se encandecen sin conocer límite alguno. Virtud, talento más elevado del alma amante de lo bueno y lo bello, qué serás, que con tanto ímpetu el hombre te busca por los bosques y los mares de la razón.
Piedad, virtud inexorable de los dioses, ofrenda que en sí misma agrada a los cielos que son igual imagen nos recuerda la más blanca idea sobre la tierra que junto con la justicia mesen este mundo renegrido de dolores y sin sentidos.
Guardianes, militares, artesanos o esclavos atados al alma intangible de la idea que los posee, para siempre, para nunca serán atavíos de lo que son en realidad. Sabiduría, moderación y valentía ideas que como cadenas atan a cada hombre al suelo crepuscular que la naturaleza les impuso, suelo que sin embargo amargo, habrá de dar sus frutos. El mundo ideal, semiósfera adyacente del olimpo donde descansa lo invisible de donde surge lo real y da sentido a este inconsciente mundo aparente.
Belleza encendida por centelleantes sonrisas, bello todo aquello que para tus ojos es el cielo, ¿será la belleza lo útil? o sólo ante su presencia estupefactos caemos, atónitos en el acto no hay poder humano que nos saque del misterio, misterio infundido que confunde hasta los más altos dioses, el bien más antiguo del universo que a los hombres inspira la más profunda de las caudas, al más vívido de lo que nosotros llamamos sentido. Lleno de toda la naturaleza está, pues en él habita la tierra, el agua, el hombre, los dioses, todo lo bello incluso todo lo yerto, con razón no vana, Zeus temía el poder de las incontenibles almas que ardían al compás de las estrellas que como caídas a la tierra provocaban cataclismos entre los ojos que se veían, entre los corazones que ha borbotones se querían. Joven o viejo no necesitas una escalera para empezar a amar el alma, cuerpos bellos tantos como olas a la mar, pero almas fijadas en la curvatura circular, pocas como rosas negras en la tierra hay, nunca se es demasiado joven para iniciar en el amar con las mas puras almas abstraídas del mundo pendular.
Piedad, virtud inexorable de los dioses, ofrenda que en sí misma agrada a los cielos que son igual imagen nos recuerda la más blanca idea sobre la tierra que junto con la justicia mesen este mundo renegrido de dolores y sin sentidos.
Guardianes, militares, artesanos o esclavos atados al alma intangible de la idea que los posee, para siempre, para nunca serán atavíos de lo que son en realidad. Sabiduría, moderación y valentía ideas que como cadenas atan a cada hombre al suelo crepuscular que la naturaleza les impuso, suelo que sin embargo amargo, habrá de dar sus frutos. El mundo ideal, semiósfera adyacente del olimpo donde descansa lo invisible de donde surge lo real y da sentido a este inconsciente mundo aparente.
Belleza encendida por centelleantes sonrisas, bello todo aquello que para tus ojos es el cielo, ¿será la belleza lo útil? o sólo ante su presencia estupefactos caemos, atónitos en el acto no hay poder humano que nos saque del misterio, misterio infundido que confunde hasta los más altos dioses, el bien más antiguo del universo que a los hombres inspira la más profunda de las caudas, al más vívido de lo que nosotros llamamos sentido. Lleno de toda la naturaleza está, pues en él habita la tierra, el agua, el hombre, los dioses, todo lo bello incluso todo lo yerto, con razón no vana, Zeus temía el poder de las incontenibles almas que ardían al compás de las estrellas que como caídas a la tierra provocaban cataclismos entre los ojos que se veían, entre los corazones que ha borbotones se querían. Joven o viejo no necesitas una escalera para empezar a amar el alma, cuerpos bellos tantos como olas a la mar, pero almas fijadas en la curvatura circular, pocas como rosas negras en la tierra hay, nunca se es demasiado joven para iniciar en el amar con las mas puras almas abstraídas del mundo pendular.
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