Jhon y Diego
Platón y el alma
En el libro IV de la República, Platón propone
como parte central de este libro establecer una división del alma en lo que
denomina partes del alma. Allí propone una relación entre cómo debería ser el
estado justo y a partir de ello, el hombre justo. Las partes que propone allí
Platón son tres: la razón, la moderación y la valentía. La razón, le pertenece
a los magistrados y gobernantes, ya que éstos necesitan de ella para gobernar
con justicia, sabiduría y rectitud. La valentía pertenece a los militares ya
que son los encargados de proteger al estado de posibles ataques extranjeros y
son los encargados de velar porque la voluntad y el bien que los gobernantes
quieren para el estado sean cumplidos. El alma moderada o concupiscible es
propia de los artesanos ya que ellos requieren la templanza necesaria para
garantizar la supervivencia de la República o estado. De esta forma Platón
establece cómo debería funcionar un estado justo y también cómo debería ser un
hombre justo: el hombre que con cada parte de sí mismo cumple la función que
debe cumplir por naturaleza, lo que su alma determina según las categorías establecidas.
Platón busca de una manera u otra encontrar un
estado que sea justo, basándose en categorías o niveles de personas según sus
naturalezas, el principal problema que se encuentra aquí es que esas personas
no pueden ser lo que sus naturalezas no les permiten, pero, hasta qué punto
sabemos cuál es la naturaleza de la persona, hasta qué punto en esa persona no
se pueden desarrollar nuevas habilidades, pues bien, es aquí donde esta teoría
platónica tambalea, porque, que las personas hagan mejor una cosa no significa
que quieran hacerla, pero si el estado los obliga a ser lo que mejor hacen,
pueden hartarse de hacer lo que no quieren y como resultado hacerlo de menor
calidad, por lo cual no serían los mejores en sus labores, tampoco se está
diciendo que hagan lo que quieren hacer porque puede que no sean tan talentosos
para hacerlo de una manera correcta, se trata de que el estado no quiera tener
un estado ( valga la redundancia) perfecto, que funcione tan bien como un
reloj. La idea es que el estado tenga mesura en cuanto a conformarse, para que
estos hombres que viven en él vivan en armonía y así se pueda estar más cerca
de la perfección. ¿Si no se tiene a las personas conformes en un estado qué se
puede esperar de su desempeño?
Además, surge otra incógnita con respecto a que
cada tipo de persona según su estrato y papel en el estado tiene un tipo de
alma y por lo tanto carece de las otras. El problema es si el hombre no
necesita de estas tres virtudes para ser un hombre completo, justo y virtuoso
como lo necesita para alcanzar los límites de su naturaleza. Es decir, por
ejemplo si el gobernante no necesita de la valentía para tomar las mejores
decisiones respecto al bien, para dominar las pasiones y los malos pensamientos
que puedan afectar su correcto consentimiento y su buen juicio con respecto a
las decisiones necesarias y pertinentes para hacer del estado uno ideal. En el
caso del artesano, ¿no necesitará acaso de la razón y la inteligencia para
elaborar lo necesario para garantizar la supervivencia de la sociedad? Es
evidente que debe tenerla para actuar de forma coherente y además para poder
determinar si está haciendo un correcto trabajo o no. Dividir virtudes del alma
de acuerdo a una postura social niega totalmente la naturaleza del hombre, ya
que todos tenemos razón, todos necesitamos y poseemos la valentía para hacer
algo y además nuestra parte instintiva nos garantiza y nos obliga a velar por
nuestra supervivencia, estas cualidades son propias de todo ser humano sin
importar de la posición social En que se encuentre.
Es claro que a todos se nos presentan
situaciones en donde debemos utilizar cada una de las cualidades mencionadas anteriormente
e incluso conjuntamente, pues la principal facultad del hombre es la razón y la
usa para casi todo, todas sus actividades están regidas por esta. En cuanto a
la valentía, esta es requerida en muchas situaciones por las personas del común
pues no solo los que van a la guerra son guerreros, toda la valentía no se
resume en llevar un escudo y una espada, el valiente es el que atraviesa la
vida a diario el que da la suya por un fin, idea o persona, el campo de batalla
no solo está lleno de espadas y sangre, también de palabras que hacen la función
de la espada inclusive más penetrante que la hoja de acero, las personas que
soportan este tipo de herida que se forma en el alma, también lucha una guerra
y tal vez una más dolorosa pues las heridas del cuerpo sanan, ¿pero las del
alma? Cuando se extienden a lo infinito se vuelven incurables y difícilmente se
sigue viviendo con una astilla en el corazón
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