Desfondado.


Por: Luis Ordóñez Cárdenas

Arropado solo por mis palabras que dan la ilusión de calidez, me encuentro en un estado inmóvil, contemplando las estrellas en un cielo oscuro pero que para mí tiene demasiada claridad, solo mis pensamientos generan movimiento, cuando mi cuerpo parece dejarse llevar por la comodidad de la situación por otro lado mi mente empieza a prender las alarmas, ese maldito mecanismo que sucede de forma espontánea, esa bofetada que despierta al hombre de tan invaluable tranquilidad.

Son las 4:30 a. m. lo sé porque a esa hora entra la luz de la calle por mi ventana, con rabia me levanto y mientras voy al baño pienso en todo el tiempo que desperdicie al acostarme en  aquel parque que queda cerca de mi trabajo, como pude estar en un sitio tan aislado y peligroso por tanto tiempo, que quería ganar con todo esto, si es que buscaba ganar algo con esta “aventura”. El agua caliente y el sonido de los carros que pasan por el lado de mi casa generan una atmosfera pesada, odio la rutina pero me reconforta saber que he logrado aguantar tanto tiempo en ella, el hombre tiene la gran capacidad de poder acostumbrarse a muchos ambientes, el agua caliente me aturde y me lleva a pensar demasiadas cosas, la yema de mis dedos arrugadas como uvas pasas son la señal para salir de la ducha, el trabajo para hoy es agotador tengo que llevar la contabilidad de 3 empresas de coches.

Después del trabajo me suele doler la cabeza este es el síntoma del agotamiento, esta también dentro de mi rutina volver a ese maldito parque a sentarme a ver las estrellas, pero esta vez fue diferente la sensación que sentí mientras tan imprudentemente me echaba en el suelo, sentí un escalofrió que recorría todo mi cuerpo, era la primera vez que pensaba en lo solitario que estaba, cuando nada sale como lo planeado suelo ponerme demasiado agresivo y después de esto viene la frustración, necesito culpar a alguien y el primer nombre que paso por mi cabeza fue Platón, es más fácil dirigir toda esta ira a una persona muerta, pero porque Platón y fue en ese preciso instante que recordé al novio de mi hermana y su molesto discurso en la cena, él decía que este mundo era una ilusión y que buscar la verdad producía desesperación pues según él la verdad no se podía encontrar en el mundo aparente, esas palabras se almacenaron en mi cabeza y por alguna razón hasta ahora salieron a la luz.

Para un hombre corriente como yo la rutina es algo indeseable pero que tiene que hacerse, es como una especie de manual que debe de ser ejecutado a la perfección, de camino a casa paso por mi cabeza la teoría del mundo de la ideas mencionado por el novio de mi hermana, parecía un loco riéndome solo en la calle pero es que esa idea me parecía absurda, en cuanto al tema de  la verdad  esta no va a  aparecer de repente es algo que debe de buscarse, además es en el “mundo aparente” es donde las cosas tienen sentido, en el caso de que existiera el mundo de las ideas este sería un espacio en donde ningún humano pudiera habitar, pues según este personaje (el novio de mi hermana) ningún ser humano puede ser consciente en ese lugar, acaso el hombre no busca en el “más allá” tener conciencia, por esto las religiones prometen a el vulgo la vida eterna solo para sentir que sus acciones tendrán sentido después de la muerte, para poder tener una segunda oportunidad porque saben que mientras estén en esta vida serán infelices por las decisiones que tomaron.

Todo está charlatanería por parte de  Simón (el novio de mi hermana) me enfermaba, era un veneno que poco a poco se introducía por mis venas hasta destruir mi zona de confort, él decía también que la reminiscencia era el modo por el cual el hombre recordaba el conocimiento que estaba en ese mundillo raro, que todo conocimiento ya estaba dentro de nosotros que solo teníamos que recordarlo, pero el hombre no puede recordar nada de un lugar en donde no se tiene consciencia, el paso del individuo por “el mundo de las ideas “es imposible pues su mente nunca estuvo en ese lugar, el ser humano puede recordar cosas no porque haya estado en otro mundo sino porque tiene memoria y solo se puede tener esta capacidad si se tiene una experiencia previa en esta realidad.

En mis caminatas nocturnas procuro siempre dejar el celular en mi casa esto para evitar un robo o que los mensajes me desconcentren de mi actividad, luego de tan necesario paseo nocturno llego a mi casa con deseos de dormir y es en el momento justo cuando me disponía a recibir mi merecido descanso que suena el celular y me doy cuenta que tenía varios mensajes y llamadas perdidas, era mi hermana así que decido contestar, lo primero que escucho son alaridos y una voz entrecortada, le digo a mi hermana que se calme que no puedo escuchar lo que dice, después de que bajara el volumen a sus gritos ella me comento que  Simón se había suicidado…quede en shock pues sabía que el pensamiento platónico podría haber sido el causante de esa decisión.

Me encuentro en el mismo parque de siempre, mirando las estrellas, mi rutina había vuelto a la normalidad, en algunas ocasiones Simón pasa por mi cabeza y pienso que la culpa no la tuvo Platón sino las interpretaciones que hay de él, me atrevo a decir que el mundo de las ideas es necesario pero no para que el hombre pierda la esperanza en este mundo sino para que  el individuo puede liberar tensión culpando a esta realidad imperfecta, el mundo aparente no ofrece  cuestiones tan anheladas para el hombre como es la verdad, suelo pensar en Simón y con su recuerdo aparece un sentimiento desolador que me produce grima.

Los pensamientos del hombre lo llevan a apartarse de la realidad y a crear su “propio mundo”, hay un desencanto con la realidad y esto  produce hastío, los filósofos antiguos afirmaban que los sentidos nos engañaban pero no solo los sentidos sino también nuestros pensamientos, somos cómplices de una ilusión sostenida por nuestra terquedad, por hermosas palabras que seducen al hombre y lo alejan de la realidad, en la biblia se dice lo siguiente “maldito el hombre que confía en otro hombre”, pero si no confiamos en el hombre en quien más podemos confiar, hay un proceso deshumanizante en donde el hombre por medio de sus ideas crea desconfianza con los de  su misma especie , son sus palabras el arma más letal que usadas contra sí mismo pueden producir malestar y depresión, entiendo la decisión de Simón pero no la acepto, el hombre está sumergido en un estado contemplativo como en el que me encuentro mientras voy de camino a casa, intento comprender el mundo de las ideas y quedo estupefacto, nunca voy a entender un mundo que no sea semejante al nuestro pues solo tengo recuerdos y experiencias de este mundo, y todas las creaciones de mi conciencia son producidas por lo visto en esta realidad, para terminar tengo que mencionar a Tales y su anécdota contada por Platón,” tales mientras contemplaba las estrellas no se percató de que había un pozo muy cerca de él y termino cayéndose”, tal vez a Platón le sucedió lo mismo, por estar deslumbrado otro mundo se olvidó de que todas las ideas provienen del mundo bajo sus pies.

El mundo del “más allá” es en realidad el mundo del más acá, quiero llegar al fondo conocer todos los secretos de esta realidad como cualquier ser humano reflexivo, pero después de un tiempo de este ejercicio intelectual me doy cuenta que el fondo es otra ilusión y solo me dedico a desfondar a romper otro recipiente más, no voy a encontrar la verdad en el “mundo aparente”, pues como dice Nietzsche “la verdad es un ejército de metáforas”, y las metáforas son algo que Platón sabe manejar muy bien, yo no busco la verdad solo me aferro a certezas que le den sentido a mi  existencia, no vivo por la verdad pues sin ella sigo existiendo.

Me encuentro en el parque de siempre  contemplando las estrellas en un cielo oscuro pero que para mí tiene demasiada claridad, solo mis pensamientos generan movimiento, cuando mi cuerpo parece dejarse llevar por la comodidad de la situación por otro lado mi mente empieza a prender las alarmas, ese maldito mecanismo que sucede de forma espontánea, esa bofetada que despierta al hombre de tan invaluable tranquilidad, ese detestable “mundo de las ideas”.


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